miércoles, 7 de junio de 2017

Jabón circulito y la luz del pasado…





Quisiera contarte tantas cosas, cada día pienso mucho en ti, es difícil, te extraño mucho...
Recuerdo la primera vez que me dijiste que eres mi mejor amigo, porque lo eres. Si, eres un niño genial, tocaste la puerta de mi cuarto oficina mientras yo estaba trabajando, había cerrado por la bulla o por Esteban que andaba de fastidioso y me dijiste: papá, soy Matías, tu mejor amigo, déjame entrar...
Sentí una alegría tan grande y te abrí la puerta, tú tendrías 3 o 4 añitos, te abracé fuerte seguramente y me acompañaste un rato, creo que tu mamá escuchó lo sucedido también...
Ya habíamos hablado de ser mejores amigos y creo que por esas épocas, tú ya tenías tus amigos y otro mejor amigo, que era Gabriel, tiempo más tarde, ya en primer grado, me contaste que lo viste a él, con una emoción me lo dijiste que hasta celos sentí, pero días después ése amago de amistad que se tuvieron, parece se había diluido, al menos para él, me contaste que no te hizo caso (o que no era él), y vi en tu carita de niño, la primera decepción que un supuesto amigo te haga, y así lo pensé, porque sé que de los amigos no se puede esperar mucho... pero Gabriel tendría tu edad y no podemos culparlo. Supongo que a estas alturas yo mismo seré un fracaso de mejor amigo y me siento así con ustedes, hablo de ti y todo el tiempo te pienso y en tu hermano: mi Estebito, mí Hawlucha, o Siglid (el androide que Esteban creó para realizar su trabajo sucio.), tantos personajes que son él mismo, como el coronel Aureliano Buendía, que también es tu padre, y tú su hijo José Arcadio Buendía y yo un soldado, sobrevivientes de la gran guerra, nuestra gran guerra antes de los gigantes, creo... no la de Jabón Circulito, de la que hablábamos todas las noches o tardes a la hora del baño los tres, a veces los tres juntos en la ducha y, Jabón circulito, tan pequeño y con sed de venganza por la muerte de su padre y de su pueblo, y alguno de nosotros aplastaba a otro pequeño jabón que agonizante gritaba: volveré, volveré eeee... y jabón circulito quería liberar a su pueblo, que día a día moría (o por lo menos desaparecía.) en todos los baños del mundo, y en el de nosotros en el trasero de la señora gorda, y nos reíamos insolentemente para él. Y él había que visto a millones de su pueblo morir (no sé cómo...) en baños como el nuestro y, mientras contaba la triste historia inverosímil, nosotros la creíamos y, pensábamos en el mundo que le tocó vivir. Y él: volveré (con las e que se repiten como un grito profundo.), y yo volveré eeee... para que pareciera que el grito de esperanza se alejaba junto con el revolucionario en miniatura (mientras lo escondía en algún rinconcito del baño.), y nosotros, en especial el coronel y yo, hablando lo último de la historia por el día. A veces su plan era siniestro y malvado, para dejar a toda la humanidad sin jabón y, ahora pienso que lo logró, con ayuda de los gigantes... Y también Esteban era un gigante que aplastaba a los niños gemelos de sus medias y era cruel y gracioso, y luego nos disculpábamos con jabón circulito, que a esas alturas ya estaría por centro América y con los niños que también volverían con eee al final, y a dormir con la luz del pasadizo encendida y yo un rato esperando y volviendo y luego ya el silencio del sueño.

Y ahora el recuerdo de ésa luz del pasadizo o mejor dicho del pasado.

REGD.




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